miércoles, 15 de junio de 2016
Un nuevo amanecer
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grigori,
on
23:02
Fue en la noche en la cual
el arte suspiraba entre
los bares y avenidas;
la noche en que la luna estaba llena,
pero se sentía sola.
Negabas tu música hacia mí,
y yo solo quería
hacerte arpa.
Llegué con el corazón
en el dedo índice,
indicando campanas.
Sabías que era yo.
Y ellos sabían
que sería yo
quien llamara esa noche.
La red de sonrisas que habíamos tejido,
como por un cristal de cuadro roto,
se cortó.
Para evitar la rápida tristeza,
no fuimos Romeo y Julieta,
sino tú;
un balcón suicida,
proponiéndome saltar.
Y yo;
un felpudo viejo,
que no podía moverse.
Y tú no saltaste,
y yo no me moví,
pero qué felices fuimos.
Bueno, bueno, qué sorpresa, ¿eh? -Comienzo con un poema amistoso escrito en diez minutos para que me perdonéis esta huida en combate de tres meses-. Sí, pondré la misma excusa que siempre; he estado ocupada. Pero esta vez tan ocupada que he estado incluso en otro país. Pero no hay problemo que exista, que se avecinan unas tormentas bastante completas de poemas, entradas y cualquier cosa que pueda aparecerse.
El título, como veis, es -para dar una motivación antes de volver a desaparecer- para que notéis que me voy a quedar. Al menos durante meses. Así que, no os preocupéis, que Marilen (y la tilde invisible en la e), todavía no se ha tildado, y se queda por más tiempo.
Hasta la próxima, amaneceres.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
sábado, 9 de abril de 2016
O eso me haces suponer
Posted by
grigori,
on
23:45
22:43.
Supongo que ya no quedan velas aromáticas de chocolate.
Supongo que tu coche no está aparcado en nuestra puerta.
Y supongo que esta es mi casa,
y no nuestra.
22:44.
¿Por qué es tan difícil dejar de suponer cosas
que ya han ocurrido?
¿Es que seguimos siendo niños y nunca dejamos de creer?
Supongo que sí.
22:45
Quizá esté perdiendo la noción de mi ser.
¿Qué hora es? Debería preguntarle a las nubes.
Se van cómo tú.
¿Será hora de irme yo también?
Supongo que sí.
22:46.
Cada vez voy más a contrarreloj.
Y cuando lo intento, más rápido va la aguja.
Esta es la carrera sin premio de la que nos llevan hablando tantos años,
de la que creías que no merecía la pena correr.
El riesgo.
Supongo que sí.
22:47
Tengo miedo.
Tengo miedo a los coches blancos,
a los miércoles,
a los días en los que solo se habla español,
a los mensajes que llegan de uno en uno.
A las caricias.
¿Al amor?
Supongo que sí.
18:48.
Qué tarde es.
Y solo han pasado cinco minutos.
Cinco minutos en los que he vuelto a recordarte.
Qué tarde debe ser para ti.
Para que no vuelvas
y me dejes con estos miedos encima.
Y deberás suponerlo.
Porque estarías loca de no hacerlo.
Y bastante cuerda estabas cuando te fuiste.
O eso me haces suponer.
Esta entrada -o poema- figuraba en borradores, y sinceramente, me daba pena dejarla ahí sin usarla.
Así que, aquí la tenéis.
Además, este poema -o así he decidido bautizarle-, está aquí gracias a quien me ha brindado el día con más poesía. Gracias por regalar poesía a quien pierde los nervios por escribirla.
Nos veremos próximamente por aquí, porque volveré pronto. Prometido.
Hasta la próxima, versos.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
Supongo que ya no quedan velas aromáticas de chocolate.
Supongo que tu coche no está aparcado en nuestra puerta.
Y supongo que esta es mi casa,
y no nuestra.
22:44.
¿Por qué es tan difícil dejar de suponer cosas
que ya han ocurrido?
¿Es que seguimos siendo niños y nunca dejamos de creer?
Supongo que sí.
22:45
Quizá esté perdiendo la noción de mi ser.
¿Qué hora es? Debería preguntarle a las nubes.
Se van cómo tú.
¿Será hora de irme yo también?
Supongo que sí.
22:46.
Cada vez voy más a contrarreloj.
Y cuando lo intento, más rápido va la aguja.
Esta es la carrera sin premio de la que nos llevan hablando tantos años,
de la que creías que no merecía la pena correr.
El riesgo.
Supongo que sí.
22:47
Tengo miedo.
Tengo miedo a los coches blancos,
a los miércoles,
a los días en los que solo se habla español,
a los mensajes que llegan de uno en uno.
A las caricias.
¿Al amor?
Supongo que sí.
18:48.
Qué tarde es.
Y solo han pasado cinco minutos.
Cinco minutos en los que he vuelto a recordarte.
Qué tarde debe ser para ti.
Para que no vuelvas
y me dejes con estos miedos encima.
Y deberás suponerlo.
Porque estarías loca de no hacerlo.
Y bastante cuerda estabas cuando te fuiste.
O eso me haces suponer.
Esta entrada -o poema- figuraba en borradores, y sinceramente, me daba pena dejarla ahí sin usarla.
Así que, aquí la tenéis.
Además, este poema -o así he decidido bautizarle-, está aquí gracias a quien me ha brindado el día con más poesía. Gracias por regalar poesía a quien pierde los nervios por escribirla.
Nos veremos próximamente por aquí, porque volveré pronto. Prometido.
Hasta la próxima, versos.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
sábado, 19 de marzo de 2016
Autocrítica
Posted by
grigori,
on
22:05
Nací con 21 años de experiencia, con el pelo tan rubio que parecía desaparecer y con el nombre de Autocrítica.
Cuando nací, con mis 21 años de experiencia, todos pensaron que tendría los ojos azules de mi padre. Lo que no sabían era que en la cabeza solo tenía pájaros, y que mis ojos reflejaban sus aleteos de libertad; mi corazón sus picotazos hambrientos de amor.
Antes de hablar, dejé a todos sabido que nunca callaría gracias a un mal comportamiento. Más tarde se asombraron al ver que mis palabras pasaron de ser mentiras, a ser poesía. Y que mis palabras ocurrentes contra el universo aun en expansión no me hicieron una maleducada; sino una poeta de la mala lengua. Todavía sigo cuidando mi comportamiento, pero nunca mis ocurrencias.
El día que comencé a caminar ya tenía asegurado que algún día caería, pero nunca pensé que fuese tan pronto y en una habitación que, desde aquel día, parece haberse reconstruido. Ahora la llamo castillo, fuerte, o lugar seguro para lágrimas inseguras.
La primera vez que observé, sé que no fue a mi madre, ni a mi padre ni a mi hermana. La primera vez que observé fue en el jardín de infancia, cuando Cupido era solo otro niño más en la clase. Desde entonces sé que el amor a primera vista no es un mito. Desde entonces no miro a las personas; las observo. Así dicen que mis ojos llevan magia. Y así digo que sé cómo viste la magia.
Cuando empecé a leer gracias a un libro que había pasado por mi hermana mayor y ahora por mí, supe que no querría dejar de leer libros, carteles, prospectos médicos o la mente de otros. Ahora quiero que todos me lean incluso la mente. Pero nunca el corazón.
El primer amigo que hice me acompañó en mis aventuras por mundos que hasta yo desconocí cómo existían en mi cabeza. A él no le importó, e hizo de mi locura un buen lugar al que escapar. Hace tres años que no tengo contacto con él, aunque le vea a diario. Sigues estando tan loco como te dejé.
Cuando abandoné la música, todavía dudaba en las tablas de multiplicar. Tras cuatro años de luchas, conciertos y batallas internas en cada examen de canto, me tomé un lapso de un mes. Para luego darme cuenta de que la música era mi deseo como futuro.
Le saqué de quicio a la pre-adolescencia. Quise hacer amigos, y no hice más que el tonto. Aun así, una persona brilló más que las demás, y me llevó a caminar donde la música se hizo nuestro súbdito. Tuve la mayor suerte del universo en poder llamarla mejor amiga. Aunque ahora me llame solo para ensayar.
Antes de enamorarme por primera vez, ya sabía que iba a doler; por esto de que todo es temporal y por atrevernos en amores tan imposibles como el nuestro. Incluso una nube podría ser más sólida que el camino que tomábamos. Que tomaba mi primera relación.
Aquella vez que lo perdí todo sentí que la soledad estorbaba. Y siempre había sido de mis compañías favoritas, pero aquellos días... aquellos días preferiría cualquier compañía antes que la vacía compañía de la soledad.
Las únicas veces que me dijeron la verdad salieron de la boca de la persona más hermosa de ella misma y del corazón de quien más me había abandonado. Qué verdad tan inquietante. Incluso las piedras comenzaron a estremecerse, y lloraron. Como si no fuesen piedras.
La próxima vez que tuve contacto humano, fue con quien me acompaña en cada batalla hoy día. A quien llamo lírica. Y quien me llama liricista.
Y ahora me encuentro reduciendo mis años de experiencia en pocas palabras, como si esto fuese una biografía. Y no es más que una autocrítica. Por las veces que me equivoqué, que fueron todas las veces que intenté algo.
Por tener la prisa de un trueno en caer, y la lentitud de un tocadiscos en sonar.
Por tener la libertad en la mirada y la exclavitud en los ojos.
Por tomar, en la hora del té, tazas de café frío.
Por aprender a llorar en silencio para que, al recuperarme, mis lágrimas se personalizaran en gritos. Y solo me escuchaba yo.
Por tener la impaciencia que tienen los amantes en las noches de reconciliación donde solo hay placer.
Por creer en todos por igual; en las mentiras de los mentirosos y en las mentiras de los que pensé que nunca mentirían.
Por intentar robarle las alas a los pájaros para dárselas a quien me hacía volar.
Por aprender de la caída libre y nunca dejar de caer.
Por esto me llamaron Autocrítica al nacer. Aunque todavía desconozco su significado.
Vaya... esto es más incómodo que las excusas que pone Spotify cuando no tiene la letra de una canción. Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Me he ausentado durante más tiempo del que me hubiese gustado, la verdad. Pero no ocurre nada, ya estoy aquí, queridos. No, no lloréis más. Hala, hala, ya está.
Intentaré morder el tiempo, como me dijo aquella poetisa a la que hace tiempo que no veo, pero que sí he oído hablar de ella últimamente. Así volveré rápidamente y os daré el calor de una madre gaviota a sus pequeños en el nido.
Hasta la próxima, autocríticos.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
(No lo digáis a nadie, pero os echaba de menos).
Cuando nací, con mis 21 años de experiencia, todos pensaron que tendría los ojos azules de mi padre. Lo que no sabían era que en la cabeza solo tenía pájaros, y que mis ojos reflejaban sus aleteos de libertad; mi corazón sus picotazos hambrientos de amor.
Antes de hablar, dejé a todos sabido que nunca callaría gracias a un mal comportamiento. Más tarde se asombraron al ver que mis palabras pasaron de ser mentiras, a ser poesía. Y que mis palabras ocurrentes contra el universo aun en expansión no me hicieron una maleducada; sino una poeta de la mala lengua. Todavía sigo cuidando mi comportamiento, pero nunca mis ocurrencias.
El día que comencé a caminar ya tenía asegurado que algún día caería, pero nunca pensé que fuese tan pronto y en una habitación que, desde aquel día, parece haberse reconstruido. Ahora la llamo castillo, fuerte, o lugar seguro para lágrimas inseguras.
La primera vez que observé, sé que no fue a mi madre, ni a mi padre ni a mi hermana. La primera vez que observé fue en el jardín de infancia, cuando Cupido era solo otro niño más en la clase. Desde entonces sé que el amor a primera vista no es un mito. Desde entonces no miro a las personas; las observo. Así dicen que mis ojos llevan magia. Y así digo que sé cómo viste la magia.
Cuando empecé a leer gracias a un libro que había pasado por mi hermana mayor y ahora por mí, supe que no querría dejar de leer libros, carteles, prospectos médicos o la mente de otros. Ahora quiero que todos me lean incluso la mente. Pero nunca el corazón.
El primer amigo que hice me acompañó en mis aventuras por mundos que hasta yo desconocí cómo existían en mi cabeza. A él no le importó, e hizo de mi locura un buen lugar al que escapar. Hace tres años que no tengo contacto con él, aunque le vea a diario. Sigues estando tan loco como te dejé.
Cuando abandoné la música, todavía dudaba en las tablas de multiplicar. Tras cuatro años de luchas, conciertos y batallas internas en cada examen de canto, me tomé un lapso de un mes. Para luego darme cuenta de que la música era mi deseo como futuro.
Le saqué de quicio a la pre-adolescencia. Quise hacer amigos, y no hice más que el tonto. Aun así, una persona brilló más que las demás, y me llevó a caminar donde la música se hizo nuestro súbdito. Tuve la mayor suerte del universo en poder llamarla mejor amiga. Aunque ahora me llame solo para ensayar.
Antes de enamorarme por primera vez, ya sabía que iba a doler; por esto de que todo es temporal y por atrevernos en amores tan imposibles como el nuestro. Incluso una nube podría ser más sólida que el camino que tomábamos. Que tomaba mi primera relación.
Aquella vez que lo perdí todo sentí que la soledad estorbaba. Y siempre había sido de mis compañías favoritas, pero aquellos días... aquellos días preferiría cualquier compañía antes que la vacía compañía de la soledad.
Las únicas veces que me dijeron la verdad salieron de la boca de la persona más hermosa de ella misma y del corazón de quien más me había abandonado. Qué verdad tan inquietante. Incluso las piedras comenzaron a estremecerse, y lloraron. Como si no fuesen piedras.
La próxima vez que tuve contacto humano, fue con quien me acompaña en cada batalla hoy día. A quien llamo lírica. Y quien me llama liricista.
Y ahora me encuentro reduciendo mis años de experiencia en pocas palabras, como si esto fuese una biografía. Y no es más que una autocrítica. Por las veces que me equivoqué, que fueron todas las veces que intenté algo.
Por tener la prisa de un trueno en caer, y la lentitud de un tocadiscos en sonar.
Por tener la libertad en la mirada y la exclavitud en los ojos.
Por tomar, en la hora del té, tazas de café frío.
Por aprender a llorar en silencio para que, al recuperarme, mis lágrimas se personalizaran en gritos. Y solo me escuchaba yo.
Por tener la impaciencia que tienen los amantes en las noches de reconciliación donde solo hay placer.
Por creer en todos por igual; en las mentiras de los mentirosos y en las mentiras de los que pensé que nunca mentirían.
Por intentar robarle las alas a los pájaros para dárselas a quien me hacía volar.
Por aprender de la caída libre y nunca dejar de caer.
Por esto me llamaron Autocrítica al nacer. Aunque todavía desconozco su significado.
No quiero ser una autocrítica;
no quiero criticar autobuses,
o entrar yo misma en estado crítico.
Vaya... esto es más incómodo que las excusas que pone Spotify cuando no tiene la letra de una canción. Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Me he ausentado durante más tiempo del que me hubiese gustado, la verdad. Pero no ocurre nada, ya estoy aquí, queridos. No, no lloréis más. Hala, hala, ya está.
Intentaré morder el tiempo, como me dijo aquella poetisa a la que hace tiempo que no veo, pero que sí he oído hablar de ella últimamente. Así volveré rápidamente y os daré el calor de una madre gaviota a sus pequeños en el nido.
Hasta la próxima, autocríticos.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
(No lo digáis a nadie, pero os echaba de menos).
lunes, 15 de febrero de 2016
San Cuentín | Cupido y la ondina
Posted by
grigori,
on
23:38
¿Qué se cuece por aquí, mis pobres abandonados? Os he abandonado solo un poquito. Espero que no os haya importado mucho. Pero aquí estoy, un día como este, en el último momento, como se suelen hacer las grandes ideas. La verdad es que tenía ganas de escribir un cuentillo de los míos, tal como la historia de Urano y Neptuno, que sé que os gustó. Y como hoy es un día clave de calendario, pues os lo traigo pelado y mondado.
Es un cuento sobre San Valentín (hay quiénes les llaman San Solterín o incluso San Calentín. Éste último me hace mucha gracia), pero no una historia cualquiera.
Nos remontamos entre el amor de Venus y Marte. Dos grandes dioses. Venus; diosa del amor, la belleza y la fertilidad, y Marte; dios de la guerra. Aunque fuesen, de una forma u otra, polos opuestos, surgió un amor. Quizá no del todo pleno o romántico, pero sí dio lugar a Cupido.
Le llamaron Cupido, cuyo significado fue 'Deseo'.
Cupido no fue un niño deseado, formando esta antítesis. Júpiter temía su poder en el universo con el paso del tiempo, así que pretendía acabar con él; fulminarle antes de que pudiese ocurrir una catástrofe. Aun así, el Destino permitió que Cupido pudiese vivir.
Él, en el bosque en el que creció, se fabricó un arco de madera de fresno, y unas flechas de ciprés. Ya dominaba este arte cuando, Venus, su madre, le proporcionó un arco y flechas diferentes a las suyas. Éstas flechas no eran comunes, pues dos de estas eran de oro, y las otras dos de plata. Venus le contó que, las flechas de punta de oro concedían el amor, mientras que las flechas de punta de plata, concederían el olvido.
Así pues, Cupido emprendió su viaje. Sin saber qué rumbo seguiría ni qué peligros podía encontrarse, pero heredó de Marte esa astucia y poder ante las batallas que le hacía ir más seguro.
Un día, en el bosque, encontró una charca. Allí pudo observar ninfas danzando alrededor de ésta, la cual estaba rodeada de muchas rosas blancas, las cuales iban a juego con los vestidos y cabellos de las ninfas. Cupido, inocente pero precavido, decidió quedarse al margen de ellas, escondido detrás de unos arbustos.
Al cabo de unos segundos, pudo observar cómo emergía de la charca una mujer. Esta mujer causó gran extrañeza en Cupido, pues tenía la piel de un azulado claro, aunque se podían notar rasgos del más puro color carne. Cupido la observó fijamente mientras se posaba en el filo de la charca y las ninfas comenzaban a danzar de una forma más agresiva.
Durante un mes visitó esta charca todas las medianoches, pues pudo comprobar que, a estas horas, la charca estaba protegida únicamente por dos de éstas ninfas, como si éstas se turnaran cada semana para cuidar que, la semi-humana, u ondina (ser mitológico al que Cupido la relacionó) no escapara de la charca.
Al siguiente día decidió ir por la mañana. Había visitado la charca por la tarde y por la noche, pero nunca a tales horas, así que pensó que podría descubrir algún dato más sobre semejante muchacha.
Ya había amanecido cuando Cupido llegó.
Entonces, algo le sorprendió completamente. Encontró allí a la Madre Naturaleza, conversando con la desconocida. Parecía hablarle en un tono adecuado y agradable, pero entonces, de uno de sus bolsillos encontrados en su capa, sacó un puñado de polvos mágicos, los cuales hicieron que la charca se volviera de un flamante color morado. La ondina salió de la charca. Su piel era más azul que nunca.
Ante esta presencia, Cupido huyó. Estaba confuso a la vez que prendado de aquella mujer. No podía aguantar un segundo más el verla así. No lo comprendía.
Este fue el último día del mes.
La próxima semana y seis días después de este suceso, los utilizó para idear un plan. Decidió utilizar el arco y las flechas que le fueron proporcionadas por su madre, Venus.
En la noche, cumpliendo dos semanas entonces, fue a la charca. Observó a las dos ninfas que hacían la guardia de aquella noche y, con mucho cuidado de no estropear la ocasión, lanzó sus flechas de puntas doradas contra las ninfas.
Éstas cayeron abatidas, como si de un somnífero se tratase. Cupido seguía esperando detrás de la charca, pues sabía que algo tendría que ocurrir. Las ninfas despertaron y quedaron prendadas entre ellas. Al cabo de unos minutos, desaparecieron entre la inmensidad del bosque.
Cupido entró entonces en acción, llegando hacia la charca. Se asomó para encontrar a quien buscaba, pero no ocurrió nada. Mientras seguía llamándola de una manera no tan sonora para no ser descubierto por Madre Naturaleza, observó las rosas blancas.
Decidió meter la mano dentro de la charca.
Al hacer aquello, la ondina estrechó su mano, y emergió. Se miraron firmemente a los ojos.
La mujer tuvo entonces fuerzas suficientes para salir de la charca. En cuanto sus pies hubiesen pisado la hierba, pasó a ser humana; mortal, como si la charca estuviese maldita.
Cupido, como de insensato no tenía ni un pelo, durante estos último días había traído hacia la charca una gran roca. Esta roca serviría para tirarla en la charca y engañar a las ninfas para que creyesen que la ondina se encontraba en el fondo de ésta.
Después de preparar la huida, huyeron Cupido y la ondina. Su piel era muy clara, y su pelo pasó de ser un rubio platino a un moreno azabache. Fueron a la ciudad cuando ya salió el sol, donde la mujer pudo encontrarse con su familia y decirles que se encontraba bien. Además, también pasó con Cupido el día en un valle lleno de flores.
Entonces, llegó la noche. La mujer contó a Cupido que estaba maldita, pues, un día que fue al bosque, encontró a las ninfas que allí habitaban, y Madre Naturaleza la maldijo con estar presa en aquel lugar. Cupido, como hijo de dioses, le explicó que no podría huir de este castigo, pues podría ser incluso peor si Madre Naturaleza descubriese esto. O peor todavía si Júpiter viese aquello.
La ondina y Cupido volvieron a la charca antes de la medianoche. Allí encontraron otra vez a las dos ninfas de la noche anterior, las cuales seguían enamoradas, como si nada pudiera romper ese amor. Cupido, desde el escondite en el que se escondían antes de poder mover ficha, disparó las flechas de punta plateada a las dos ninfas, las cuales volvieron a caer desmayadas. Esta vez, no despertarían hasta la mañana, pues el olvido es mucho más largo que el amor.
Los enamorados llegaron a la charca, y antes de que la ondina desapareciera en la profundidad de la charca, Cupido la agarró del brazo, acercándola a sí y besándola.
Ante esta demostración de amor, el bosque comenzó a tambalearse, las nubes tornaron moradas y el cielo gris. De repente, Madre Naturaleza fue invocada como si del cielo hubiese aparecido. Su capa negra se mecía con la tormenta que comenzaba a arreciar.
—¿Quién osa incumplir mis órdenes? —Dijo Madre Naturaleza.
Cupido no supo qué responder ante esta situación, pero podía temerse lo peor.
—¿Es que creéis que puedo aceptar amor para esta maldita? ¡Jamás! Y ahora, el amor tampoco existirá para ti, maldito. —Señaló hacia Cupido con un dedo. Cupido y la ondina solo supieron abrazarse y pronunciarse unas tibias palabras de amor que Madre Naturaleza no llegó a oír por su furia—. Si quieres amor, deberás derramar gotas de tu sangre ante esta mortal, y nunca podrás hacerlo, pues tienes prohibido acercarte aunque sea a rozar el agua de la charca. —Concluso Madre Naturaleza con una risa malévola.
Después de este suceso, Cupido solo pudo ver el sol claro de la mañana. Había olvidado cómo había llegado ahí o qué había ocurrido después de la maldición de Madre Naturaleza sobre él.
Cupido se puso en pie y comenzó a caminar en busca de la charca, pero algo se interpuso a él. Se encontraba atrapado por una cúpula invisible. Ya sabía de quién se trataba. Júpiter.
Entonces, Cupido fue maldito, además de por Madre Naturaleza, por Júpiter, pero esta vez estaba maldito a ser solo libre el 14 de Febrero, la cual fue la noche que Cupido sacó a la ondina de la charca. Ese día, podría salir de allí, pero según la maldición de Madre Naturaleza, tendría que derramar su sangre para demostrar amor a la ondina.
Cupido, testarudo, volvió a idear un plan para el próximo 14 de Febrero del año siguiente, y fue derramar un poco de su sangre en una rosa blanca, la cual fuese enviada por Hermes -dios mensajero- a su amada; la ondina de la charca.
Desde entonces, se manda una rosa roja al enamorado; para demostrar que, ante cualquier dificultad, el amor estará siempre presente. El amor y la pasión.
¿Os ha gustado el cuento? Sé que llego tarde para San Valentín, pero esto es San Cuentín, y no tiene reglas.
Si te ha gustado esta historia, puedes mandársela a la persona en la cual has estado pensado mientras la leías. Como si no os leyese la mente a cada uno de vosotros, ¿eh?
Espero que os haya gustado tanto como yo me he exprimido las neuronas para hacer que tuviese coherencia, y también espero volver antes, que he estado verdaderamente ocupada y no me gusta dejaros solos tanto tiempo.
Hasta la próxima, Cupidos.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
Es un cuento sobre San Valentín (hay quiénes les llaman San Solterín o incluso San Calentín. Éste último me hace mucha gracia), pero no una historia cualquiera.
Nos remontamos entre el amor de Venus y Marte. Dos grandes dioses. Venus; diosa del amor, la belleza y la fertilidad, y Marte; dios de la guerra. Aunque fuesen, de una forma u otra, polos opuestos, surgió un amor. Quizá no del todo pleno o romántico, pero sí dio lugar a Cupido.
Le llamaron Cupido, cuyo significado fue 'Deseo'.
Cupido no fue un niño deseado, formando esta antítesis. Júpiter temía su poder en el universo con el paso del tiempo, así que pretendía acabar con él; fulminarle antes de que pudiese ocurrir una catástrofe. Aun así, el Destino permitió que Cupido pudiese vivir.
Él, en el bosque en el que creció, se fabricó un arco de madera de fresno, y unas flechas de ciprés. Ya dominaba este arte cuando, Venus, su madre, le proporcionó un arco y flechas diferentes a las suyas. Éstas flechas no eran comunes, pues dos de estas eran de oro, y las otras dos de plata. Venus le contó que, las flechas de punta de oro concedían el amor, mientras que las flechas de punta de plata, concederían el olvido.
Así pues, Cupido emprendió su viaje. Sin saber qué rumbo seguiría ni qué peligros podía encontrarse, pero heredó de Marte esa astucia y poder ante las batallas que le hacía ir más seguro.
Un día, en el bosque, encontró una charca. Allí pudo observar ninfas danzando alrededor de ésta, la cual estaba rodeada de muchas rosas blancas, las cuales iban a juego con los vestidos y cabellos de las ninfas. Cupido, inocente pero precavido, decidió quedarse al margen de ellas, escondido detrás de unos arbustos.
Al cabo de unos segundos, pudo observar cómo emergía de la charca una mujer. Esta mujer causó gran extrañeza en Cupido, pues tenía la piel de un azulado claro, aunque se podían notar rasgos del más puro color carne. Cupido la observó fijamente mientras se posaba en el filo de la charca y las ninfas comenzaban a danzar de una forma más agresiva.
Durante un mes visitó esta charca todas las medianoches, pues pudo comprobar que, a estas horas, la charca estaba protegida únicamente por dos de éstas ninfas, como si éstas se turnaran cada semana para cuidar que, la semi-humana, u ondina (ser mitológico al que Cupido la relacionó) no escapara de la charca.
Al siguiente día decidió ir por la mañana. Había visitado la charca por la tarde y por la noche, pero nunca a tales horas, así que pensó que podría descubrir algún dato más sobre semejante muchacha.
Ya había amanecido cuando Cupido llegó.
Entonces, algo le sorprendió completamente. Encontró allí a la Madre Naturaleza, conversando con la desconocida. Parecía hablarle en un tono adecuado y agradable, pero entonces, de uno de sus bolsillos encontrados en su capa, sacó un puñado de polvos mágicos, los cuales hicieron que la charca se volviera de un flamante color morado. La ondina salió de la charca. Su piel era más azul que nunca.
Ante esta presencia, Cupido huyó. Estaba confuso a la vez que prendado de aquella mujer. No podía aguantar un segundo más el verla así. No lo comprendía.
Este fue el último día del mes.
La próxima semana y seis días después de este suceso, los utilizó para idear un plan. Decidió utilizar el arco y las flechas que le fueron proporcionadas por su madre, Venus.
En la noche, cumpliendo dos semanas entonces, fue a la charca. Observó a las dos ninfas que hacían la guardia de aquella noche y, con mucho cuidado de no estropear la ocasión, lanzó sus flechas de puntas doradas contra las ninfas.
Éstas cayeron abatidas, como si de un somnífero se tratase. Cupido seguía esperando detrás de la charca, pues sabía que algo tendría que ocurrir. Las ninfas despertaron y quedaron prendadas entre ellas. Al cabo de unos minutos, desaparecieron entre la inmensidad del bosque.
Cupido entró entonces en acción, llegando hacia la charca. Se asomó para encontrar a quien buscaba, pero no ocurrió nada. Mientras seguía llamándola de una manera no tan sonora para no ser descubierto por Madre Naturaleza, observó las rosas blancas.
Decidió meter la mano dentro de la charca.
Al hacer aquello, la ondina estrechó su mano, y emergió. Se miraron firmemente a los ojos.
La mujer tuvo entonces fuerzas suficientes para salir de la charca. En cuanto sus pies hubiesen pisado la hierba, pasó a ser humana; mortal, como si la charca estuviese maldita.
Cupido, como de insensato no tenía ni un pelo, durante estos último días había traído hacia la charca una gran roca. Esta roca serviría para tirarla en la charca y engañar a las ninfas para que creyesen que la ondina se encontraba en el fondo de ésta.
Después de preparar la huida, huyeron Cupido y la ondina. Su piel era muy clara, y su pelo pasó de ser un rubio platino a un moreno azabache. Fueron a la ciudad cuando ya salió el sol, donde la mujer pudo encontrarse con su familia y decirles que se encontraba bien. Además, también pasó con Cupido el día en un valle lleno de flores.
Entonces, llegó la noche. La mujer contó a Cupido que estaba maldita, pues, un día que fue al bosque, encontró a las ninfas que allí habitaban, y Madre Naturaleza la maldijo con estar presa en aquel lugar. Cupido, como hijo de dioses, le explicó que no podría huir de este castigo, pues podría ser incluso peor si Madre Naturaleza descubriese esto. O peor todavía si Júpiter viese aquello.
La ondina y Cupido volvieron a la charca antes de la medianoche. Allí encontraron otra vez a las dos ninfas de la noche anterior, las cuales seguían enamoradas, como si nada pudiera romper ese amor. Cupido, desde el escondite en el que se escondían antes de poder mover ficha, disparó las flechas de punta plateada a las dos ninfas, las cuales volvieron a caer desmayadas. Esta vez, no despertarían hasta la mañana, pues el olvido es mucho más largo que el amor.
Los enamorados llegaron a la charca, y antes de que la ondina desapareciera en la profundidad de la charca, Cupido la agarró del brazo, acercándola a sí y besándola.
Ante esta demostración de amor, el bosque comenzó a tambalearse, las nubes tornaron moradas y el cielo gris. De repente, Madre Naturaleza fue invocada como si del cielo hubiese aparecido. Su capa negra se mecía con la tormenta que comenzaba a arreciar.
—¿Quién osa incumplir mis órdenes? —Dijo Madre Naturaleza.
Cupido no supo qué responder ante esta situación, pero podía temerse lo peor.
—¿Es que creéis que puedo aceptar amor para esta maldita? ¡Jamás! Y ahora, el amor tampoco existirá para ti, maldito. —Señaló hacia Cupido con un dedo. Cupido y la ondina solo supieron abrazarse y pronunciarse unas tibias palabras de amor que Madre Naturaleza no llegó a oír por su furia—. Si quieres amor, deberás derramar gotas de tu sangre ante esta mortal, y nunca podrás hacerlo, pues tienes prohibido acercarte aunque sea a rozar el agua de la charca. —Concluso Madre Naturaleza con una risa malévola.
Después de este suceso, Cupido solo pudo ver el sol claro de la mañana. Había olvidado cómo había llegado ahí o qué había ocurrido después de la maldición de Madre Naturaleza sobre él.
Cupido se puso en pie y comenzó a caminar en busca de la charca, pero algo se interpuso a él. Se encontraba atrapado por una cúpula invisible. Ya sabía de quién se trataba. Júpiter.
Entonces, Cupido fue maldito, además de por Madre Naturaleza, por Júpiter, pero esta vez estaba maldito a ser solo libre el 14 de Febrero, la cual fue la noche que Cupido sacó a la ondina de la charca. Ese día, podría salir de allí, pero según la maldición de Madre Naturaleza, tendría que derramar su sangre para demostrar amor a la ondina.
Cupido, testarudo, volvió a idear un plan para el próximo 14 de Febrero del año siguiente, y fue derramar un poco de su sangre en una rosa blanca, la cual fuese enviada por Hermes -dios mensajero- a su amada; la ondina de la charca.
Desde entonces, se manda una rosa roja al enamorado; para demostrar que, ante cualquier dificultad, el amor estará siempre presente. El amor y la pasión.
¿Crees que algún día Cupido y la ondina
podrán volver a verse?
Es el amor prohibido que protege
a todos los amores prohibidos.
¿Os ha gustado el cuento? Sé que llego tarde para San Valentín, pero esto es San Cuentín, y no tiene reglas.
Si te ha gustado esta historia, puedes mandársela a la persona en la cual has estado pensado mientras la leías. Como si no os leyese la mente a cada uno de vosotros, ¿eh?
Espero que os haya gustado tanto como yo me he exprimido las neuronas para hacer que tuviese coherencia, y también espero volver antes, que he estado verdaderamente ocupada y no me gusta dejaros solos tanto tiempo.
Hasta la próxima, Cupidos.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
lunes, 18 de enero de 2016
Musa
Posted by
grigori,
on
22:38
Qué valentía tengo al aparecer después de tanto tiempo, ¿verdad? Ya pensaba que iban a venir lectores a tirar piedras inintencionadamente afiladas a mi ventana, pero no. Peroné. Así que, antes de que pongáis en práctica esta flamante idea que deseo desde aquí que no lleguen a manos descuidadas, traigo una nueva entrada. Sí. Una opinión que me saltó así a las puntas del flequillo y la cual me hizo sentir que era idónea para la primera entrada de año.
(Esta entrada me recuerda a mi grupo favorito: Muse. Un grupo recomendable hasta los topes).
Musas.
¿Qué es una musa?
Desde los principios del arte -por poner un claro ejemplo-, nuestros pequeños y amados artistas han sido tirantes y dependientes de una identidad a la cual han dedicado cada uno de sus propósitos artísticos. Y no estaban locos. Algunos sí. Pero no todos.
Desde los principios de esta característica ya conocida, fuera de la propia experiencia, todos los espectadores han deducido que una musa es igual a una persona amada.
Y aquí, señores, comienza la faena.
"¿Qué es una musa, Marilen?", estaréis preguntando algunos.
Y yo os responderé con lo más complejo para concluir con lo más simple.
Tiene una forma realmente abstracta. A veces círculos, a veces cuadrados, a veces rombos. A veces una tal suma mezcla imposible de comprenderse lo más mínimo.
Esta forma tiene un olor, pero no un olor específico. Huele a colores. Azul, verde, rojo, amarillo... Cian, ámbar, ceniza, mostaza...
Nuestra, por ahora masa sin forma y sin olor específico, se mueve. ¡Está vivo! Vaga de acá para allá, dejando en su rastro un camino de mismísimas flores de todos los tamaños y de diferentes brillos. Ellos también vivos.
Supongo que no te extrañaría que esta musa hablase, cantase o riese. Y eso solamente te hace más feliz.
Conocer quién será tu musa no es fácil.
Primero se cuelan sus ojos por los tuyos. (Su mirada ha podido leer cada esquina de ti, incluso detrás de tus orejas). Luego separa lentamente la comisura de sus labios, y te vas adentrando dentro de su boca. Te pierdes en el mar del gusto; donde te encuentras la mar de a gusto. Dudas de si acabas de entrar en un planeta deshabitado, orbitando en el Nunca Jamás, o si acabas de encontrar la Atlantis perdida.
Comienzas a sentir confusión.
Cada vez que mueve una parte de su cuerpo, aunque sea simplemente su brazo hacia el octavo de los cielos para despedirse, es increíblemente sublime. Sublime. No hay otra palabra que describa mejor cada rasgo de una musa.
Entonces comienzas a perderte. Entonces quieres fusionar su arte con la simpleza de un pincel. Quieres -deseas-, que esa belleza tan interior sea tu arma definitiva, la que acabe con todos los males que te atragantan, que hacen que sepas que no aguantas más; que estás a punto de llegar a tus topes más lejanos.
Y sueltas lo que llevas. Deslizas tus pensamientos como semicorcheas por un pentagrama de doce por ocho. Sientes que no puedes parar hasta plasmar qué sientes, qué opinas, qué obstruye tu paso, y hasta que no lo consigues no estás satisfecho. Dibujas trazos sin ningún tipo de conexión, porque no conectan con tu arte; conectan con tu musa, con su arte. Te centras en cómo se riza su pelo en invierno y en cómo caen frágiles gotas de sudor desde el inicio de sus cabellos en pleno verano. Piensas en cómo chocan sus pestañas, que incluso pueden llegar a emitir un tintineo, que te llama a salir corriendo a por tu musa o para huir y ponerte a salvo de sus encantos. Adoras cómo camina, cómo se distrae, cómo respira. Adoras incluso cómo escucha sonidos que nadie más puede escuchar en plena naturaleza. Adoras, no odias, adoras antes que cualquier otra acción en este vasto universo.
Mueres.
Después de segundos admirando tu pieza, sabes que ya no hay más y que a la vez quedan millones de trazos. Porque eso es lo que te hace sentir tu musa.
Te das cuenta de que no estás amando. De que no estás siquiera queriendo. Te das cuenta de que estás admirando. Y ya te has perdido.
Entonces se va. Las musas no son para siempre, querido ingenuo.
Ya no cantas para ella, ni escribes para ella, ni dibujas para ella. Ni para ella, ni para nadie.
Cayó tu mayor fuente de ayuda; de arte. Te crees Troya. Y eso que ni siquiera has sido atacado.
Ahora que has perdido tu mayor predisposición a sentir, ¿qué sientes? Una musa es una musa. No tienes que temer a nada. Sigues respirando, riendo, soñando... pero te falta algo.
Eso.
Eso que estás sintiendo.
Oh, querido.
Eso que estás sintiendo es el espacio que ocuparía tu musa.
Para los artistas; vida.
Para los mortales; amor.
Y es por eso que cada uno de los poetas tuvo una musa, cada uno de los músicos tuvo una musa, cada uno de los dibujantes tuvo una musa, y muchísimos más.
Una musa es eso a lo que llamas o llamarás amor de tu vida, hablándote en cristiano (si tal vez prefieres, en ateo).
Pero claro, los artistas son todos unos melodramáticos y usamos la palabra "musa".
Cuando la encuentres lo sabrás.
Y ya no hay más. Esto ha sido mi opinión/desahogo personal que abre este nuevo año repleto de aventurillas y entradas. ¿Qué es para vosotros una musa? Podéis mostrarme vuestra visión o idea. Sería un placer.
Y no os dejaré más tiempo solos, que sé que os ha dolido en lo más profundo de vuestra alma lectora. La siguiente vez; más y mejor.
(Esta entrada me recuerda a mi grupo favorito: Muse. Un grupo recomendable hasta los topes).
Hasta la próxima, musas.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
jueves, 31 de diciembre de 2015
Agradece y perdona
Posted by
grigori,
on
22:22
Os dije que vendría, y aquí estoy, incluso antes de que este año acabe -siempre aparezco al final, qué se le va a hacer-.
La verdad es que esta entrada viene para cerrar el año. Supongo que era de esperar.
Sinceramente, este no ha sido para nada mi año. Pero nada de nada. Y si alguno ha pasado un mal año también, no decaigáis, lo mejor siempre se hace esperar, y si no queréis esperar más, lanzaos a cogerlo. El destino natural de todos los seres humanos es la felicidad.
Pero... no todo ha sido de color negro. Por eso en esta entrada; voy a agradecer a todos los que han formado parte de este año. Pero lo agradeceré a mi manera. Ya me vais conociendo.
Y, antes de empezar, quiero animaros. No me gustaría saber que alguno de mis queridos lectores se siente mal leyéndome, porque mi mayor deseo es hacer feliz a la gente de una manera u otra. Por eso, quiero recordaros que siempre, siempre, siempre hay salida para todo. La cosa es tener suficiente fuerza para abrir la puerta y salir. Sonreíd.
Así que, empiezo.
Gracias a ti, por otro año más haciéndote cargo del caos y desastre que soy, como siempre.
Gracias a ti, por abrirte por primera vez y contarme cosas que nadie más ha querido.
Gracias a ti, por confiar tanto en mí y por dejarte confiar desde hace casi dos años.
Gracias a ti, porque aunque nos conozcamos de poco, hayamos entallado esta bonita amistad.
Gracias a ti, porque te echaré de menos, pero te recuerdo como una gran melodía.
Gracias a ti, porque aunque te hable poco, te recuerdo que me preocupo por ti, así que deja de fumar.
Gracias a ti, y que la música te acompañe siempre.
Gracias a vosotros, porque ahora ir en autobús cada viernes es una gran delicia.
Gracias a vosotros, porque hicisteis que las llamadas fuesen divertidas.
Gracias a vosotros, porque nunca me había interesado tanto el baile hasta que lo empezasteis.
Gracias a ti, por aparecer como una estrella fugaz y hacerte realidad como un deseo.
Gracias a ti, por enseñarme que el amor tiene un gran esfuerzo y que los obstáculos son lo de menos si se siente de verdad.
Gracias a todos vosotros, por hacer funcionar una idea y por prestarme vuestro tiempo.
Y sinceramente, doy las gracias a cada ser del planeta, por el hecho de seguir aquí otro año más. Y a los que se fueron; buen viaje.
Año nuevo, vida nueva, ¿no? Pues hagamos algo para que este año que entra nuestra vida sea realmente buena. Luchad, luchad y luchad.
Agradecer y perdonar son el camino para conseguir una vida placentera.
Y como ya he agradecido, ahora perdono a todos aquellos que provocaron un año menos brillante.
Así que, terminando con esta entrada:
Gracias a mí, por seguir luchando por aquello que realmente creo necesario en mis días y por no rendirme jamás de los jamases.
Y esta entrada no tiene más parafernalia, porque el último día del año no es para malgastarlo leyendo a una desconocida, ¿no es así, querido lector? Sal afuera, que el día te espera.
Por último, feliz año nuevo, que ya no nos leemos hasta el año que viene. Qué chispa de chiste, ¿eh, eh, eh?
Hasta la próxima, años nuevos.
Marilen (y la tilde invisible en la e)
Marilenendless@gmail.com
La verdad es que esta entrada viene para cerrar el año. Supongo que era de esperar.
Sinceramente, este no ha sido para nada mi año. Pero nada de nada. Y si alguno ha pasado un mal año también, no decaigáis, lo mejor siempre se hace esperar, y si no queréis esperar más, lanzaos a cogerlo. El destino natural de todos los seres humanos es la felicidad.
Pero... no todo ha sido de color negro. Por eso en esta entrada; voy a agradecer a todos los que han formado parte de este año. Pero lo agradeceré a mi manera. Ya me vais conociendo.
Y, antes de empezar, quiero animaros. No me gustaría saber que alguno de mis queridos lectores se siente mal leyéndome, porque mi mayor deseo es hacer feliz a la gente de una manera u otra. Por eso, quiero recordaros que siempre, siempre, siempre hay salida para todo. La cosa es tener suficiente fuerza para abrir la puerta y salir. Sonreíd.
Así que, empiezo.
Gracias a ti, por otro año más haciéndote cargo del caos y desastre que soy, como siempre.
Gracias a ti, por abrirte por primera vez y contarme cosas que nadie más ha querido.
Gracias a ti, por confiar tanto en mí y por dejarte confiar desde hace casi dos años.
Gracias a ti, porque aunque nos conozcamos de poco, hayamos entallado esta bonita amistad.
Gracias a ti, porque te echaré de menos, pero te recuerdo como una gran melodía.
Gracias a ti, porque aunque te hable poco, te recuerdo que me preocupo por ti, así que deja de fumar.
Gracias a ti, y que la música te acompañe siempre.
Gracias a vosotros, porque ahora ir en autobús cada viernes es una gran delicia.
Gracias a vosotros, porque hicisteis que las llamadas fuesen divertidas.
Gracias a vosotros, porque nunca me había interesado tanto el baile hasta que lo empezasteis.
Gracias a ti, por aparecer como una estrella fugaz y hacerte realidad como un deseo.
Gracias a ti, por enseñarme que el amor tiene un gran esfuerzo y que los obstáculos son lo de menos si se siente de verdad.
Gracias a todos vosotros, por hacer funcionar una idea y por prestarme vuestro tiempo.
Y sinceramente, doy las gracias a cada ser del planeta, por el hecho de seguir aquí otro año más. Y a los que se fueron; buen viaje.
Año nuevo, vida nueva, ¿no? Pues hagamos algo para que este año que entra nuestra vida sea realmente buena. Luchad, luchad y luchad.
Agradecer y perdonar son el camino para conseguir una vida placentera.
Y como ya he agradecido, ahora perdono a todos aquellos que provocaron un año menos brillante.
Así que, terminando con esta entrada:
Gracias a mí, por seguir luchando por aquello que realmente creo necesario en mis días y por no rendirme jamás de los jamases.
Y esta entrada no tiene más parafernalia, porque el último día del año no es para malgastarlo leyendo a una desconocida, ¿no es así, querido lector? Sal afuera, que el día te espera.
Por último, feliz año nuevo, que ya no nos leemos hasta el año que viene. Qué chispa de chiste, ¿eh, eh, eh?
Hasta la próxima, años nuevos.
Marilen (y la tilde invisible en la e)
Marilenendless@gmail.com
martes, 22 de diciembre de 2015
Comunicado altamente especial únicamente para ti
Posted by
grigori,
on
0:30
Hola, bienvenido. No sabrás quién soy yo, pero eso es lo de menos. Me han nombrado como mensajera oficial de algo que, tú-ya-sabes-quién, quiere decirte.
Pues esta persona vino recientemente a mí porque, por lo visto, tenéis un gran vínculo que quiere resaltar y no sabe cómo. La verdad es que, con lo poco que he visto de esta persona y lo que me ha dicho que te comunique, puedo saber con certeza que le importas muchísimo, y que, claramente, a ti también te importa bastante.
Así que, recordando poco a poco todas las cosas que me dijo, hagámoslo ordenadamente.
Primero, me dijo que despejases la mente, ¿vale? Que no te extrañes por esto que estás leyendo, que sí, que va todo para ti, no hay equivocación de que va para únicamente para ti. Así que, léelo lenta y atentamente.
Ahora, tienes que pensar en cómo os conocisteis por unos minutos.
Recuérdalo todo.
¿Ya? Bien. Me dijo que por nada del mundo olvidará cómo os conocisteis en aquel bar... Oh, no, no, espera, no, vosotros no erais aquellos... Vosotros erais aquellos que os conocisteis por una red social, ¿no? O... tal vez erais aquellos que os lleváis conociendo desde la primaria... ¡Qué lío tengo con tantos mensajes que tengo que enviar! Vaya, qué vergüenza.
Aun así, tú lo recuerdas bien todo, ¿no? Eso es lo que importa.
Dice que nunca lo olvidará en la vida, que conocerte ha sido uno de los hechos más bonitos que ha podido vivir.
Se nota que te aprecia muchísimo. Espero que no le tomes como una broma, estaba a punto de llorar cuando me contaba todo esto que te estoy diciendo. Pero hay más. Mucho más.
Me dijo que no olvidaras cómo os conocisteis, de la misma manera que no quiere que olvides cuándo. Él no lo hará. También dijo que no olvidases todos vuestros momentos especiales, desde aquellas aventurillas vuestras -qué locos estáis los dos de berenjenal en berenjenal juntos, estáis que no paráis quietos con las locuras que hacéis- hasta aquellos días de lágrimas entre consejos y pañuelos -y que te recuerde que su hombro siempre estará seco para tus lágrimas, que no te preocupes si la próxima vez que os veáis lloras, que estará bien si después te sientes mejor-.
No olvides que le tienes ahí para todo lo que necesites, en las buenas, en las malas y en las regulares, y que no te preocupes, que le hace feliz que tú estés feliz y que, de alguna manera, pueda hacerte feliz.
Y eso no es todo. No quiere que olvides vuestras conversaciones, vuestros planes para el futuro, vuestras noches hablando... No quiere que olvides nada de todo esto. Sabe que no lo ibas a hacer, pero te lo pide por favor -recuerda que me lo dijo con las lágrimas a puntito de escapar-. Que le importas mucho.
Le importas muchísimo.
Es como si no le importase casi ninguna opinión ajena, pero la tuya... la tuya sí le importa. Y bastante. Y no sabe ni por qué.
También dice que tus problemas son sus problemas, que no te dejará resolverlos sin su ayuda o, como mínimo, su apoyo. Nunca te dejará solo. Por nada del mundo mundial.
Y... hay miles de millones de cosas que quiere seguir diciéndote, pero la más importante y la que le hizo casi volverse loco de emoción al decir es que te quiere, que te quiere muchísimo. Lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja que te hubiese encantado ver. Era espléndida. Y que por nada -ya del universo- olvides que te quiere y te querrá por mucho más tiempo sin importar los obstáculos que pueda haber (dijo que no importaban las desigualdades de pensamientos que a veces tengáis o las pequeñas riñas, que las diferencias son hermosas y no son razón suficiente para que os separe).
Por favor, es la persona que más conoce de ti en todo este universo. Sabe tus vicios, tus virtudes, tus puntos fuertes, tus puntos flacos, cuándo tienes un mal día con solo saludarle, tus problemas, tus asignaturas favoritas y las que más odias, tu grupo de música favorito, qué quieres por tu cumpleaños, tus secretos más profundos que nadie más conoce, aquella marca de nacimiento... ¡Lo sabe absolutamente todo! Y tú sabes absolutamente todo sobre esta persona.
Te quiere.
Te necesita.
Pero... me dijo que por último te dijera que, si por alguna extraña razón casi imposible, vuestra gran relación cercana acaba, que no olvides nada. NADA. Que no olvides todos los días especiales, ni las noches de charla filosófica, ni aquellos chistes estúpidos que os contabais cuando uno de los dos estaba mal, ni la sonrisa del otro... que no olvides que esta persona sea la primera en felicitarte por tu cumpleaños a las 00:00, o que es el primer mensaje de la mañana, o que, si alguien intentase hacerte daño, éste le mata -y va en serio, que esto me lo dijo con navaja suiza en mano, que si alguien te hace daño estando él todavía en tu vida o no, no sale de esta-.
Dijo que nunca le olvides. Jamás de los jamases.
Finalmente, con una lágrima cayendo,
me dijo que te dijese que...
los recuerdos se guardan en pequeños cajones
que se pueden abrir siempre que uno quiera.
Y que...
al menos, no olvides en qué cajón le dejases.
Y eso, si algún día se te ocurriese olvidarle.
Pero no vas a permitir eso, ¿no?
Fin del comunicado.
Como soy una mensajera torpe, he olvidado el remitente de este comunicado, así que, si tienes problemas con decirle a aquella persona importante para ti (tanto en la amistad como en el amor) lo que significa para ti, puedes enviarle esta pequeña carta. Le hará muy feliz, te lo aseguro. Y a ti también te hará feliz ver sonreír a esta persona en la que has estado pensando mientras la leías, ¿eh, pillín?
Es un comunicado corto, pero que expresa mucho. Sobre todo para las personas con este vínculo. Nunca perdáis la cercanía de una persona con un vínculo tan fuerte, os lo dice ya Marilen, no ningún tipo de mensajera. Es genial tener a esta persona en tu vida. Por favor, cuidadlo todo lo posible.
Hasta la próxima, amistosos.
(Intentaré volver muy, muy pronto)
-Marilen (y la tilde invisible en la e)
Marilenendless@gmail.com
Pues esta persona vino recientemente a mí porque, por lo visto, tenéis un gran vínculo que quiere resaltar y no sabe cómo. La verdad es que, con lo poco que he visto de esta persona y lo que me ha dicho que te comunique, puedo saber con certeza que le importas muchísimo, y que, claramente, a ti también te importa bastante.
Así que, recordando poco a poco todas las cosas que me dijo, hagámoslo ordenadamente.
Primero, me dijo que despejases la mente, ¿vale? Que no te extrañes por esto que estás leyendo, que sí, que va todo para ti, no hay equivocación de que va para únicamente para ti. Así que, léelo lenta y atentamente.
Ahora, tienes que pensar en cómo os conocisteis por unos minutos.
Recuérdalo todo.
¿Ya? Bien. Me dijo que por nada del mundo olvidará cómo os conocisteis en aquel bar... Oh, no, no, espera, no, vosotros no erais aquellos... Vosotros erais aquellos que os conocisteis por una red social, ¿no? O... tal vez erais aquellos que os lleváis conociendo desde la primaria... ¡Qué lío tengo con tantos mensajes que tengo que enviar! Vaya, qué vergüenza.
Aun así, tú lo recuerdas bien todo, ¿no? Eso es lo que importa.
Dice que nunca lo olvidará en la vida, que conocerte ha sido uno de los hechos más bonitos que ha podido vivir.
Se nota que te aprecia muchísimo. Espero que no le tomes como una broma, estaba a punto de llorar cuando me contaba todo esto que te estoy diciendo. Pero hay más. Mucho más.
Me dijo que no olvidaras cómo os conocisteis, de la misma manera que no quiere que olvides cuándo. Él no lo hará. También dijo que no olvidases todos vuestros momentos especiales, desde aquellas aventurillas vuestras -qué locos estáis los dos de berenjenal en berenjenal juntos, estáis que no paráis quietos con las locuras que hacéis- hasta aquellos días de lágrimas entre consejos y pañuelos -y que te recuerde que su hombro siempre estará seco para tus lágrimas, que no te preocupes si la próxima vez que os veáis lloras, que estará bien si después te sientes mejor-.
No olvides que le tienes ahí para todo lo que necesites, en las buenas, en las malas y en las regulares, y que no te preocupes, que le hace feliz que tú estés feliz y que, de alguna manera, pueda hacerte feliz.
Y eso no es todo. No quiere que olvides vuestras conversaciones, vuestros planes para el futuro, vuestras noches hablando... No quiere que olvides nada de todo esto. Sabe que no lo ibas a hacer, pero te lo pide por favor -recuerda que me lo dijo con las lágrimas a puntito de escapar-. Que le importas mucho.
Le importas muchísimo.
Es como si no le importase casi ninguna opinión ajena, pero la tuya... la tuya sí le importa. Y bastante. Y no sabe ni por qué.
También dice que tus problemas son sus problemas, que no te dejará resolverlos sin su ayuda o, como mínimo, su apoyo. Nunca te dejará solo. Por nada del mundo mundial.
Y... hay miles de millones de cosas que quiere seguir diciéndote, pero la más importante y la que le hizo casi volverse loco de emoción al decir es que te quiere, que te quiere muchísimo. Lo dijo con una sonrisa de oreja a oreja que te hubiese encantado ver. Era espléndida. Y que por nada -ya del universo- olvides que te quiere y te querrá por mucho más tiempo sin importar los obstáculos que pueda haber (dijo que no importaban las desigualdades de pensamientos que a veces tengáis o las pequeñas riñas, que las diferencias son hermosas y no son razón suficiente para que os separe).
Por favor, es la persona que más conoce de ti en todo este universo. Sabe tus vicios, tus virtudes, tus puntos fuertes, tus puntos flacos, cuándo tienes un mal día con solo saludarle, tus problemas, tus asignaturas favoritas y las que más odias, tu grupo de música favorito, qué quieres por tu cumpleaños, tus secretos más profundos que nadie más conoce, aquella marca de nacimiento... ¡Lo sabe absolutamente todo! Y tú sabes absolutamente todo sobre esta persona.
Te quiere.
Te necesita.
Pero... me dijo que por último te dijera que, si por alguna extraña razón casi imposible, vuestra gran relación cercana acaba, que no olvides nada. NADA. Que no olvides todos los días especiales, ni las noches de charla filosófica, ni aquellos chistes estúpidos que os contabais cuando uno de los dos estaba mal, ni la sonrisa del otro... que no olvides que esta persona sea la primera en felicitarte por tu cumpleaños a las 00:00, o que es el primer mensaje de la mañana, o que, si alguien intentase hacerte daño, éste le mata -y va en serio, que esto me lo dijo con navaja suiza en mano, que si alguien te hace daño estando él todavía en tu vida o no, no sale de esta-.
Dijo que nunca le olvides. Jamás de los jamases.
Finalmente, con una lágrima cayendo,
me dijo que te dijese que...
los recuerdos se guardan en pequeños cajones
que se pueden abrir siempre que uno quiera.
Y que...
al menos, no olvides en qué cajón le dejases.
Y eso, si algún día se te ocurriese olvidarle.
Pero no vas a permitir eso, ¿no?
Fin del comunicado.
Como soy una mensajera torpe, he olvidado el remitente de este comunicado, así que, si tienes problemas con decirle a aquella persona importante para ti (tanto en la amistad como en el amor) lo que significa para ti, puedes enviarle esta pequeña carta. Le hará muy feliz, te lo aseguro. Y a ti también te hará feliz ver sonreír a esta persona en la que has estado pensando mientras la leías, ¿eh, pillín?
Es un comunicado corto, pero que expresa mucho. Sobre todo para las personas con este vínculo. Nunca perdáis la cercanía de una persona con un vínculo tan fuerte, os lo dice ya Marilen, no ningún tipo de mensajera. Es genial tener a esta persona en tu vida. Por favor, cuidadlo todo lo posible.
Hasta la próxima, amistosos.
(Intentaré volver muy, muy pronto)
-Marilen (y la tilde invisible en la e)
Marilenendless@gmail.com
viernes, 27 de noviembre de 2015
Posted by
grigori,
on
22:22
En la barca del barquero de la muerte,
no navegas.
En la barca del barquero de la vida,
no navegas.
En la barca del barquero de la pena,
no navegas.
En la barca del barquero que suspira,
no navegas.
En la barca del barquero herido e hiriente,
no navegas.
En la barca del barquero que no navega,
navegas.
Quizá deba dejar de ser barquero.
no navegas.
En la barca del barquero de la vida,
no navegas.
En la barca del barquero de la pena,
no navegas.
En la barca del barquero que suspira,
no navegas.
En la barca del barquero herido e hiriente,
no navegas.
En la barca del barquero que no navega,
navegas.
Quizá deba dejar de ser barquero.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Solo dioses juegan a ser Dios
Posted by
grigori,
on
23:42
¿Qué hay, telespectadores de esta teletienda? Aquí os vendo otra entrada. Al comprarla os lleváis otra por el precio de tener que esperar otras dos semanas.
Qué mala mercante soy.
En fin, el tema que quería abrir:
Me quedé pensando en uno de estos momentos que sabes que no debes desconcentrarte pero lo haces y apuntas lo que te ha dado tiempo de pensar en un rincón de tu mente para despotricarlo y sacarle los interiores en otro escenario. ¿Que qué pensé? Lo que muchos habéis estado pensando en estas últimas semanas: muerte.
Sí, queridos, estuve pensando en la muerte. Pensé en el atentado de Francia, a la vez que pensé en Siria, a la vez que pensé en la grandiosa cantidad de personas que cada día pierden su vida. Pensadlo por un segundo. Pueden ser incluso más que las que nacen. Quizá esto no os impacte, pero... ¿y si os digo que, la mayoría de las muertes producidas en un día, las produce otra persona? Es decir, la minoría muere por causas naturales o por enfermedad, pero... ¿y esa mayoría?
Entonces es cuando pensamos en lo fácil que es morir. A manos de otra persona, claro está.
Pensé y lo resolví fácilmente -con palabras; que se lleve a los hechos es muy complicado-.
Mi respuesta a estos pensamientos fue:
¿Tan egoístas, egocéntricos, despreocupados, alocados, fríos, tétricos... tan todo somos los humanos como para matar a una persona?
Y me auto-respondí: sí, lo somos.
¿Pero qué clase de especie somos como para pensar en esto y respondernos sin ningún tipo de resentimiento? ¿Es que somos animales? No, ni animales; ¿es que somos una especie inferior a todas las demás en lo que a sentimientos refiere?
Encima, los creyentes.
Todos somos muy creyentes. Creemos en un Dios, o un ser que pueda controlarnos, que nos haya dado la vida, que nos ayuda a aprobar los exámenes, o creemos en algo por creer. Lo hacemos. Todos nos planteamos el creer en una fuerza de la que ni siquiera estamos seguros de que exista alguna vez en nuestras vidas.
¿Y es que tenemos más autoridad que incluso nuestras creencias como para manejar una vida ajena? ¿Tenemos de eso? Porque yo, juro y juraré que no.
Todas las vidas valen absolutamente lo mismo que las demás. La del pobre, la del rico, la del dependiente del Mercadona, la del oficinista, la del futbolista, la del actor, la del bombero, la del policía. Todas tienen un mismo valor.
¿Cuál es ese valor? Infinito. Nuestro valor es infinito.
Y ya, si ya no es ni siquiera el hecho de creer en algo, sino que retamos a un infinito. Matemático al cuadrado.
¿Puedes tú acabar con las ilusiones, ambiciones, sueños, memorias, ideas... todo aquello tan infinito de una persona? ¿Realmente tenemos ese poder?
Sinceramente, ningún hecho nos da el deber ni el poder de llevarnos la vida de nadie. Ni tampoco el usar a esa persona, ni insultarla, ni maltratarla. No tiene sentido.
Dejemos de hacernos daño y vivamos en sociedad, que para algo somos la especie social por excelencia.
También la especie inteligente.
Mostremos a todo el mundo que somos lo que nuestra descripción dicta: humanos.
Y sí, esto es más bien una carta de desahogo que cualquier lección de vida. Vivamos y dejemos vivir.
Siento que esta entrada no sea muy extensa, pero creo que el concepto que quería recalcar y que recordaseis por si acaso, es que cada uno tiene que vivir su vida, y nada, ni nadie, tiene derecho a influir negativamente en nuestro entorno -conscientemente, claro-.
Y con esto y un bizcocho de justicia e igualdad, nos veremos próximamente.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
Qué mala mercante soy.
En fin, el tema que quería abrir:
Me quedé pensando en uno de estos momentos que sabes que no debes desconcentrarte pero lo haces y apuntas lo que te ha dado tiempo de pensar en un rincón de tu mente para despotricarlo y sacarle los interiores en otro escenario. ¿Que qué pensé? Lo que muchos habéis estado pensando en estas últimas semanas: muerte.
Sí, queridos, estuve pensando en la muerte. Pensé en el atentado de Francia, a la vez que pensé en Siria, a la vez que pensé en la grandiosa cantidad de personas que cada día pierden su vida. Pensadlo por un segundo. Pueden ser incluso más que las que nacen. Quizá esto no os impacte, pero... ¿y si os digo que, la mayoría de las muertes producidas en un día, las produce otra persona? Es decir, la minoría muere por causas naturales o por enfermedad, pero... ¿y esa mayoría?
Entonces es cuando pensamos en lo fácil que es morir. A manos de otra persona, claro está.
Pensé y lo resolví fácilmente -con palabras; que se lleve a los hechos es muy complicado-.
Mi respuesta a estos pensamientos fue:
¿Tan egoístas, egocéntricos, despreocupados, alocados, fríos, tétricos... tan todo somos los humanos como para matar a una persona?
Y me auto-respondí: sí, lo somos.
¿Pero qué clase de especie somos como para pensar en esto y respondernos sin ningún tipo de resentimiento? ¿Es que somos animales? No, ni animales; ¿es que somos una especie inferior a todas las demás en lo que a sentimientos refiere?
Encima, los creyentes.
Todos somos muy creyentes. Creemos en un Dios, o un ser que pueda controlarnos, que nos haya dado la vida, que nos ayuda a aprobar los exámenes, o creemos en algo por creer. Lo hacemos. Todos nos planteamos el creer en una fuerza de la que ni siquiera estamos seguros de que exista alguna vez en nuestras vidas.
¿Y es que tenemos más autoridad que incluso nuestras creencias como para manejar una vida ajena? ¿Tenemos de eso? Porque yo, juro y juraré que no.
Todas las vidas valen absolutamente lo mismo que las demás. La del pobre, la del rico, la del dependiente del Mercadona, la del oficinista, la del futbolista, la del actor, la del bombero, la del policía. Todas tienen un mismo valor.
¿Cuál es ese valor? Infinito. Nuestro valor es infinito.
Y ya, si ya no es ni siquiera el hecho de creer en algo, sino que retamos a un infinito. Matemático al cuadrado.
¿Puedes tú acabar con las ilusiones, ambiciones, sueños, memorias, ideas... todo aquello tan infinito de una persona? ¿Realmente tenemos ese poder?
Sinceramente, ningún hecho nos da el deber ni el poder de llevarnos la vida de nadie. Ni tampoco el usar a esa persona, ni insultarla, ni maltratarla. No tiene sentido.
Dejemos de hacernos daño y vivamos en sociedad, que para algo somos la especie social por excelencia.
También la especie inteligente.
Mostremos a todo el mundo que somos lo que nuestra descripción dicta: humanos.
Y sí, esto es más bien una carta de desahogo que cualquier lección de vida. Vivamos y dejemos vivir.
Siento que esta entrada no sea muy extensa, pero creo que el concepto que quería recalcar y que recordaseis por si acaso, es que cada uno tiene que vivir su vida, y nada, ni nadie, tiene derecho a influir negativamente en nuestro entorno -conscientemente, claro-.
Y con esto y un bizcocho de justicia e igualdad, nos veremos próximamente.
-Marilen (y la tilde invisible en la e).
Marilenendless@gmail.com
domingo, 8 de noviembre de 2015
El día de la media luna
Posted by
grigori,
on
23:56
Esta mañana me desperté, y al sentarme en la cama me di cuenta de que por la noche se me había caído un poco de tierra por las orejas. Estuve pensando el porqué de este extraño suceso, y dije: "Tierra, tierra... ¿dónde hay mucha tierra? Ah, eureka, en los desiertos hay tierra. ¿Qué desierto será este... ¡Anda, claro, el blog, ese es el verdadero desierto!"
Y aquí estoy, de manera de oasis de vuelta. (Luego volverá a ser un desierto, no os preocupéis. Este hábitat seguirá intocable para que sigáis correteando por aquí con las plantas rodadoras).
Hoy se me ocurrió hacer una cosa que suelo hacer, pero aquí, en público, para vosotros, y es escuchar una canción o lo que sea, e inspirarme y soltaros lo que llevo dentro. Es divertido saber qué le sobresalta a una persona con una canción, ¿no? Pues para más inri, decidí buscar las canciones más tristes del universo, y traeros, quizá, lo más triste que quiera salir de mi cabeza.
Así que, sin más demora y sin más deazu -gran juego de palabras, que se oiga bien-, aquí lo tenéis. Adelante, música.
Miércoles.
Llevaba días esperando este miércoles.
No sé por qué lo esperaba, si sabía perfectamente que este podía ser mi último momento de vida. O de lo que descubrí que era vivir.
No pude dormir en toda la noche por el miércoles.
Qué miércoles.
Sabría la verdad. Y sabías que adoro la verdad, por eso querías contármela toda. Dármela de desayuno, almuerzo, merienda, cena, y ese vaso de leche antes de dormir, con un poco de verdad, también.
Tú queriendo matarme con verdades.
Y yo con estos pelos.
La verdad es que miraba por la ventana. Toda la mañana la miré. Y no estaba cerca de ella, pero yo quería ver esas preciosas nubes. Hacía muy buen día ese miércoles, aunque en estas cuatro paredes llovía, y no creo haber escuchado que había tormenta dentro de mí por la televisión.
De todas formas miraba por la ventana. Las nubes se conocían. Bailaban entre ellas el vals del mediodía -todavía era mediodía-. Hacían carreras entre ellas, pero hoy no querían correr. Querían que las mirase atentamente, y que te recordase al mirarlas. Querían saber que una historia de amor se posaba entre sus formas, que yo creía que tenían tu forma, y ellas sabían que yo lo creía, por eso tenían forma de querer enamorarse.
No escuché a nadie. No quería. Estaba tan dentro de mí, que no recordaba que en cuatro horas te volvería a ver. Pensé que sería la última vez que vería, que cantaría, que sonreiría, que divagaría, que imaginaría, que lloraría, que alucinaría, que olvidaría, que recordaría, que soñaría, que besaría, que abrazaría, que leería, que querría. Pensé que sería la última vez que volvería a querer, y lo pensaba de verdad, como lo que querías decirme. Por eso... por eso ocupé dos horas más en pensarte. Quería que fueses tú quien tuviese mi tiempo, y nadie más, sobre todo porque sabía que todo cambiaría en instantes.
Me quedaba escasamente una vuelta y media del reloj.
No comí.
Hacía ya cuatro días que había dejado de comer.
¿Para qué? Si tenía veneno lo que comiese, si era como en Romeo y Julieta, pero si tomaba el veneno, nadie moriría conmigo.
Todo era un desastre.
Aun así, salí. Fui donde me esperaban. En plural, no tú, mi dulce y único singular.
Canté un par de canciones de amor. Reí desesperadamente, porque no podía hacer otra cosa.
Canciones de amor.
¿Y para quiénes estaban escritas?
Da igual para quién. Recordaba que las canciones de amor eran las nuestras, y que si yo las cantaba en cualquier parte del universo, tú las estarías bailando. Menos los miércoles. Los miércoles eran nuestro día, y no bailabas; bailábamos.
Poco más que minutos.
Salí con el corazón en la mano, porque dentro de mí no se sentía bien junto a los demás órganos, que no lo comprendían.
Por primera vez, llegué antes que tú a donde solíamos vernos cada milenios -o eso me parecía que había pasado para poder vernos-.
Venías sin arreglarte, lo más natural posible. Será porque ya no te preocupaba qué pensara de ti, pero te equivocabas, te veía igual o incluso mejor que cada día que podía disfrutar de tu belleza.
Me abrazaste. De una manera diferente, pero a la vez igual.
Me seguiste abrazando como si lo próximo que fueses a hacer no fuese matarme, sino decirme que te ibas para volver más tarde.
Yo te abracé como si lo próximo que fueses a hacer fuese matarme, pero diciéndote que tuvieses cuidado por el camino, que todo seguiría igual cuando volvieses.
Nos movimos a donde tú querías llevarme. A nuestro lugar secreto. Secreto como todo lo que hacíamos, mi pequeño jardín secreto.
Nos sentamos en aquel tan lugar especial. No hace falta ni que te recuerde todo, ¿verdad?
Me miraste, no sonrientemente, pero tampoco tristemente.
Con esos ojos en forma de media luna que tanto adoraba, mirándome directamente a los ojos.
Empezaste a hablar, y yo seguía mirando tus labios, como siempre.
Dijiste lo que siempre callaste. Y me pareció que diciendo la verdad brillabas más que cuando ocultabas que estabas mal solo para no hacerme daño. Brillaste.
Dijiste lo que querías. Me diste lo que nunca pensé que me darías. Lo guardé, y aun así te acompañé a donde tenías que ir después de decirme todo. Qué idiota soy a veces.
Nos despedimos, tenía que irme.
Y dejé de pensar.
No.
No.
No.
Lo bloqueé todo.
Camino a casa pensaba en lo radiante que estabas hoy, y en si la semana que viene nos volveríamos a ver. Como había hecho cada vez que nos veíamos.
Llegué.
Entré en mi fuerte, mi castillo, mi gran lugar de preparación de batalla, y seguía sonriendo por haberte visto. Y entonces me di cuenta.
No ibas a volver.
No ibas a volver a hablarme como siempre me habías hablado desde que nos conocimos.
No ibas a volver a decirme que me amabas como cada noche antes de dormir, o siquiera ibas a dejarme por la noche con la conversación a medias porque te dormías sin querer.
No ibas a volver a decirme que querías verme pronto, ni qué cosas del día te habían recordado a mí.
No ibas a volver a decirme que no querías estudiar, que querías hablar conmigo.
No ibas a volver a decirme que habías soñado conmigo.
Y porque es decir, que hacer... no volverías a hacer NADA conmigo. Nunca más.
Al menos, lo que habíamos hecho, deseado, dicho y pensado hasta la fecha.
Iba a dormir. No me creía capaz de soportar un pensamiento más. Así que, miré a la luna.
Estaba ahí. En forma de media luna. Mirándome directamente a los ojos. Todo... para decirme que se iba -también-.
Así que... le dije que estaría toda la noche mirándola hasta que desapareciese, y que tuviese buen viaje.
Fue la segunda vez que lo dijese en el mismo día.
A la noche siguiente, ya se había ido. No sé si la luna o alguien más. Pero ya no estaba.
Porque esta vez era jueves, mañana viernes, el próximo sábado, y después domingo, y así hasta llegar al martes. Después del martes, volvió a venir el jueves. Y a día de hoy, sigo esperando al miércoles. Ha pasado el tiempo. Aprendí a vivir sin un miércoles, pero no a no saber esperarle.
Así que me quedé a medias. Como sus ojos. Como la luna.
Fue una tragedia,
y la mayor de mis penas,
que después de lunas llenas,
ésta... fuese media.
El día de la media luna.
Y pues se acabó. Una historia rápida para un largo tiempo sin escribir. Volveré pronto, esta vez es cierto, ya que tengo unos días más libres que estos últimos. Y no creo que esto haya sido lo mejor que he escrito en mi vida, pero me pareció una bonita idea plasmar pensamientos e ideas con música de piano triste y melancólica, así que os reto a que lo hagáis, o en blogs propios si escribís también, o en comentarios de manera más corta, o como deseéis, porque esto no se basa en escribir algo perfecto, sino en observar qué pensabas que ni tú sabías que hacías.
Guay, ¿no? Pues ya tenéis un jueguecito para rato.
Hasta la próxima, mis pequeñas medias lunas.
-Marilen.
(Y quería deciros que esto ha quedado un poco seco, pero que os echaba de menos. De verdad).
Marilenendless@gmail.com
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